ISRAEL ESTÁ EN MADRID

(…) Entro. Miro. Respondo a la mirada de mi cazador por unos segundos. Llego a la barra, pido algo y lo demás viene solo: un nuevo portal, un nuevo ascensor, una nueva historia que entre besos y tocamientos comienza a vislumbrarse y que me gusta intuir, fabularla. Leo, Ricardo, Jorge, Manu, eso no importa. Comenzamos a follar y ya nada importa. Su cuerpo sobre el mío no deja espacio para la soledad. Sus caricias no son como las de mi madre, o como las de Israel, pero son una falsificación conseguida; a mi piel experta le dan el pego. Entra fuerte y olvido por momentos, un paréntesis de vacío, de nada. Si mientras me joden tuviera un ordenador delante, seguro que en ese momento sí podría escribir. Y entonces me hincho, me hincho como un globo. Madrid ya no es Israel, ahora es Leo, Ricardo, Manu. El agosto de Madrid me regala el último reguero de sol que penetra por algún resquicio de la persiana de turno. Entra en mí. La luz entra en mí y me hincha. Dejo mi cuerpo y me entrego a algo superior, a algo que me sobrepasa porque es compartido, hasta que finalmente exploto y me hago diminutas astillas que vuelan por una nueva y desconocida habitación.

Fragmento de «Israel está en Madrid», relato ganador del certamen de literatura breve organizado por Escriptors de l’Audiovisual Valencià.

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