COLOR SEPIA INSTAGRAM

(…) Recuerdo los veranos en ese exiguo apartamento, sudando a tope, y eso que me pasaba el día en bañador. Y recuerdo con especial angustia las sobremesas, cuando la crueldad del sol se unía a la de mi padre que aparecía en el salón en eslip y con el cuadernillo de matemáticas Santillana.

Entonces, comenzaba la tragedia. Yo echando lagrimones como puños mientras mi padre me pegaba capones y se ponía rojo de frustración, al no poder entender cómo tenía un hijo tan cenutrio.

División con decimales. Yo lloraba. Mi padre gritaba. Mi madre aparecía en modo barrera. «Nena, es que parece que lo haga adrede el niño este». El cuadernillo a tomar por culo. Y castigo al canto.

Pero yo tenía un truco para absolverme del castigo y bajar a la piscina: le escribía cuentos a mi padre, cuentos que hace poco, mientras buscaba tabaco una noche de insomnio, encontré en su mesilla de noche. Eran historias de animales y sandías parlantes que después de veintipico años seguía conservando ahí, junto a fotos de mi madre de joven en color filtro sepia Instagram.

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