A GERARD

(…) Y espero que esta especie de carta, o diario, no se impregne de tristeza ni pesimismo, aunque tengo que reconocerte que últimamente los dos suelen ser mis estados habituales. Escribo esto para todo lo contrario, para que vivas mejor contigo mismo y no sufras mis heridas, porque las cicatrices siempre permanecen y con el cambio de tiempo acaban molestando, recordando su presencia y la caída que las generó.

Gerard, sé un hombre de acción, no de sentimiento. A diferencia de tu tío, actúa. Impón tu voluntad sobre las emociones, y cuando te enamores comprueba que lo que sientes es eso que crees y no dependencia. No intentes tapar el dolor que a partir de los 18 arrastrarás con besos. La saliva transmite un montón de enfermedades: la inseguridad, por ejemplo.

Pero no está todo perdido. Existe otro tipo de amor más tranquilo, cotidiano, que no se basa en la sed de lo absoluto sino en la aceptación de las carencias. Menos bonito, pero más efectivo. Nace de la practicidad. Perdona las infidelidades porque en este tipo de amor tú también las cometerás. En contrapartida no habrá asfixiantes miedos ni grandes peleas y descubrirás que, cuando bajas la velocidad, las vistas pueden ser maravillosas.

E intenta quererte por encima de todo, y todos, no hagas como tu tío. Identifica el entorno de donde provienen las críticas y sé justo contigo mismo. No permitas que lo que digan o piensen otros cambie la visión que tienes de ti cuando te miras en los distintos espejos. Debes entender que muchas personas detestan lo que nunca podrán ser (y morirían por serlo). Sobrino, tienes todo el derecho a verte justo como quieres ser.

Fragmento de «No sobreviví», relato ganador del certamen literario «La Rosa de Paper» organizado por Universidad La Florida (Valencia).

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