A ESO O NADA

Cuanto más se alejaba, la cuerda que nos unía más apretaba. Cuanto menos aire, más firme era mi decisión de no deshacer el nudo nunca.

«Acércate —me dice—, así mis golpes serán más fuertes». Y entonces como siempre yo me acerco, con la patita tendida.

«Enséñame tus heridas». Me quito la camiseta y se las señalo con el dedo. Aquí, aquí… y aquí… «Bien, será justo ahí donde apretaré más fuerte». Yo asiento.

Y sigo desnudándome. Me quito los pantalones, los zapatos, los calcetines, mientras le muestro el mapa de mis talones de Aquiles y descubro mis peores cartas sobre la mesa, sabiendo que esta partida hace tiempo que la perdí.

Pero es eso o nada. Es dolor o ausencia.

A la típica pregunta, yo siempre contesté que prefería vivir arrodillado.

No es un final perfecto, pero sí un final feliz.

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