REBELDÍA

Por un tema del trabajo hoy he investigado sobre la anorexia y he acabado en unos blogs ProAna y ProMía, que para quien no lo sepa, son comunidades de anoréxicas y bulímicas donde se aconsejan y reivindican su enfermedad.
Al principio solo ves un grupo de locas: echa jabón en la comida, utiliza un tetabrik vacío para escupir la comida en él cuando estés en la mesa y que nadie se dé cuenta.
Pero a medida que vas pinchando y avanzando en su mundo, tu visión cambia. Son algo más que anoréxicas o bulímicas, de hecho, a estas las expulsan. Ellas tienen discurso y rebeledía y la delgadez es solo la trinchera desde la que luchan contra una sociedad que consideran más enferma que ellas.
Todas – todos- están empachadas de una historia de bullying, de abandono, de abusos, que necesitan vomitar. Son un marxismo de la delgadez, un budismo basado en el placer del rechazo. Rechazan la comida con la misma violencia con la que ellas fueron rechazadas.
No quieren adelgazar, les importa una mierda estar guapas. Solo reivindican su derecho a reducir sus problemas a la mínima expresión, y el principal problema en su vida siempre fueron ellas. No quieren estar delgadas, quieren ser esencia, ángeles, líquido, ceniza. Dios.
Se encuentran en hashtags que cambian, que desaparecen, que mutan. En un Instagram rabiosamente feliz y cuqui, la enfermedad es motivo de vergüenza y persecución. Y esto me ha jodido.

 

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