UNA FILIA CUALQUIERA

De niño tenía una pequeña filia que mi familia me obligaba a ocultar. Los domingos le robaba el periódico a mi padre para leer las esquelas escondido. Espeluznantes relatos de terror, breves Historias de la Cripta sobre jefes de fábrica y doctores sádicos que disparaban mi imaginación.
Un día paré, pero mi filia no había desaparecido. Solo mudó.
Desde hace años entro en el Instagram de Juan Camus. Cada día. Varias veces. En el trabajo, a lo mejor, voy al baño con el móvil y me meto en su Instagram como quien se mete un pico de heroína.
Juan Camus tiene tres empresas, hace viajes muy caros y día sí y día también firma contratos multimillonarios en hoteles de Nueva York. Pero Juan nunca sale en esas fotos y me temo lo peor. Creo que Juan está completamente loco.
Juro que intento no meterme en su Instagram, pero es que la vergüenza ajena es ese escalofrío turbio por la nunca, ese dulce elixir que al tomarlo te sitúa en un vacante puesto de ganador.

 

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